martes, 16 de junio de 2009

Cromagnon: ¿Y nosotros (los padres) que?

Nada a cambiado, ni hay reconocimiento real del estado de situación, o por lo menos yo lo vivo y lo siento así.

La “noticia” reza así:

La Fiscalía pidió la pena de 23 años de cárcel para Chabán. En el alegato, que terminó esta noche, también solicitó 16 años para Raúl Villarreal, "mano derecha" del ex gerenciador de Cromagnon, y 15 para la banda Callejeros. (03/6/09, La Nación)

Hace algún tiempo Mex Urtizberea, en enero de 2005, recreaba el enojo y la impotencia sobre situaciones que observamos y vivimos todos los días.

Escribía Mex al final de su postura: 

“Estamos menos civilizados que el hombre de Cromagnon, menos avanzados, organizados, evolucionados.

Somos la República atada con alambre, hecha de cartón y media sombra, de coimas y negligencias, de piolas, bananas, vivos, langas, cancheros, pistolas, winers. De inspectores sólo de quioscos. De permisos permitidos ineficazmente.

Somos la República en emergencia, sin puertas de emergencia; en llamas, sin matafuegos.

Somos la República en la que una cadena de irresponsabilidades termina en una puerta de salida cerrada con cadena.

Somos la República de los 185 muertos porque sí.

Republiqueta de Cromagnon es tu nombre, Argentina”.

A esta protesta, en línea con varios libros que transcriben un motón de quejas y apreciaciones certeras de nuestras deficiencias sociales, como los de Mario Mactas (Monólogos rabiosos y El enano argentino), le falta una “pata”.

¿Y nosotros (los padres) qué?

Revisé lo que había escrito en septiembre de 2005 y veo que nada ha cambiado, por eso transcribo exactamente parte del post: “Luego de leer las noticias……notas de la tragedia del Once (Cromagnon), que se han cambiado los cargos, que se reavivan los odios o que se tranquilizan por el curso de las acciones etc., vuelvo a leer lo que he escrito y me encuentro en problemas, dudo y sospecho que es una expresión de deseo, una necesidad insatisfecha y lejana.
Siempre tuve una opinión definida sobre el tema desde el primer momento, siempre pensé que no se debía o que no alcanzaba con tratar de responsabilizar a tal o cual persona, cuando la responsabilidad caía sobre todos nosotros. No tengo, ni relación indirecta sobre el acontecimiento, pero nuestra idiosincrasia no nos da elementos para desligarnos de ella.
No podemos negar nuestra decadencia social y moral.
Familiarmente dejamos mucho que desear como padres; nos plegamos fácilmente a las modas sociales, nos gusta mucho la comodidad, muchísimas veces “compramos o pagamos” la voluntad, conducta o el tiempo de nuestros hijos, eludimos la obligación de poner límites y los sobreprotegemos, consentimos o apañamos.
Pedagógicamente en los colegios privados generalmente se privilegia la instrucción sobre la educación, en los públicos sistemáticamente corremos tras las necesidades básicas, las personales como las del alumnado, descuidando las esenciales y en los confesionales la obligación de enseñar con el ejemplo se confunde con neo conductas religiosas especulativas y sin contenido.
Es moneda corriente y se palpa que, las empresas estatales, las mixtas, las privatizadas, las particulares, las financieras y los medios de comunicación usando como excusa tener que respetar “las reglas del juego” ingresan en connivencia (definición de la Real Academia: disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven) o en confabulación(Dicho de dos o más personas: Ponerse de acuerdo para emprender algún plan, generalmente ilícito) con el poder de turno.
No fue producto de la casualidad lo que sucedió:
Muchos padres, dejaron ir a sus hijos, muchos padres no sabían donde habían ido sus hijos y muchos padres fueron con sus hijos.
Si no sabemos discernir cuando un producto es potencialmente peligroso, como podemos enseñar a diferenciarlo. No nos subiríamos a la montaña rusa sin ponernos los cinturones de seguridad y menos si detectamos algún riel en mal estado.
Si no supimos enseñar o marcar límites, es más que probable, que nuestros hijos, hasta inconscientemente prendan una bengala o una cañita voladora en frente de un depósito de combustible. Si no supimos interponernos entre lo mediático y la realidad,induciendo a la responsabilidad, es más que probable que nuestras hijas solteras o casadas o nuestros matrimonios jóvenes, con hijos, no solamente dejen a sus pequeños en baños usados como guarderías.
Si no ejercemos esas dos acciones el resultado será que estamos ayudando a formar (deformar), personas precoces con una falta de responsabilidad y sentido común llamativos. Precoces sobre todo en lo técnico y en la sexualidad, con una marcada e innata irresponsabilidad y como consecuencia indirecta hasta seremos (somos) responsables de la precocidad en la delincuencia.
Responsabilidad empresarial hubo…. y mucha (ídolos y empresario)
Responsabilidad política hubo….y mucha (inspectores y municipio)
¿Por qué no está cuestionado nuestro accionar como padres?
Lo único que escuché sensato fue la autocrítica de una madre por televisión dentro de las primeras 24 horas de ocurrido el hecho, después nada más. Debe ser porque no vende.
Hace bastante tiempo que el tipo de prensa buscadora del raiting y del sensacionalismo junto con varios aspectos “legales” dudosos han convertido a nuestra justicia en un verdadero juego de adultos en donde la razón y la verdad ocupan un segundo plano.
Pero tampoco podemos trasladar culpas (muy argentino) o levantar un dedo acusador porque estas acciones para mantenerse necesitan consumidores y esos somos nosotros.

Usando la fórmula que uso muy a menudo:

Un piojo, casualidad

Dos piojos, coincidencia

Tres piojos…piojosos, al aplicarla nos daría; re piojosos a la enésima potencia.

Seguramente muchos “padres” no estén de acuerdo con lo que expreso, seguramente condenen la opinión, pero nada me da a pensar distinto.

Estamos socialmente en caída libre y los que deberíamos tirar de la cuerda para que el para caídas se despliegue, no sabemos, ni nos interesa aprender como hacerlo.

 

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