domingo, 16 de agosto de 2009

En el camino de volver…a ser PADRES

Quizá si comenzamos a identificar el problema, podamos comenzar a solucionarlo.

Estaba leyendo LNOL y me detiene una nota que primero movió mi interés por el título y luego me atrapó por su contenido: "Los padres que no saben poner límites producen dictadores". Dr. Aldo Naouri

Me detuve a revisar un momento en mi corta historia de blogger algo que escribí en septiembre de 2005: “De color esperanza” http://ilfranchese.blogspot.com/2005/09/de-color-esperanza.html y hago un paralelo con mi anterior posteo: “Cromagnon: ¿Y nosotros (los padres) que?

Agradeciendo a la vida el haberme brindado los elementos para profesar la esperanza y practicar la “resistencia” (que tan bien describe en su libro don Ernesto Sábato), no puedo ahogar el reclamo interno que me impulsa a manifestar nuestra decadencia social y moral.

En este muy, pero muy “liviano” modernismo, se disolvieron los límites. Me preocupan mucho el “prohibido prohibir”, la dificultad manifiesta para pedir permiso, el hacer algo no importando la forma ni el donde, la “viveza” llena de falta de respeto, la decadencia educativa, la violencia a flor de piel, la urgencia antes que el prójimo y la idolatría de lo efímero e impresentable, entre muchas otras.

Siempre intuí que los mayores responsables de esta debacle éramos nosotros “los padres”, y paralelamente siempre fui y soy un reaccionario hacia todo lo que me parecía y me parece una imposición.

En mi caso, fue la moda, siempre una imposición. No entiendo la estupidez de aceptarla sin por lo menos preguntarnos ¿por qué? ¿hasta donde?, no se aprendió nunca a valerse de ella, ella siempre se valió de nosotros.

Nos comenzó a invadir en todos los órdenes; en nuestra vida personal, en las escuelas, en los trabajos, en las profesiones, en la política, en la religión y en las formas, y como nunca se le puso un freno, comenzó esta caída libre social.

Es directamente proporcional, si no hay materia prima de calidad, el resultado del producto final no será nunca aceptable.

Los padres estamos faltando a la cita y cuando digo padres incluyo a todos los padres, incluso a los pretendidos padres religiosos que en muchísimos casos se han convertido en “padres” impresentables.

Nuestros hijos no necesitan en nosotros, compinches, amigotes o competidores, necesitan padres, necesitan que repongamos todo lo perdido en este “nuestro” viaje, tan bien descripto por el Dr. Aldo Naouri: “Imagínese que una madre se encuentra al volante de un vehículo. Su hijo es el pasajero a quien tiene que llevar a buen destino. Antes, había carteles indicadores. Había luces verdes y rojas, agentes para regular la circulación. E incluso habían puesto al lado de ella una suerte de copiloto, que era el padre de su hijo. Pero hace medio siglo le hicieron creer a esa madre que lo que vale la pena es el viaje, y no el destino. Amordazaron al copiloto y le sacaron los mapas”.

Creo que la figura no puede ser más clara; de esto a comprender lo que nos pasa (Cromagnon inclusive) creo que es muy simple, solamente una deformación importante nos tendría que impedir identificar la realidad.

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