sábado, 14 de noviembre de 2009

El Muro…tristemente célebre

Estamos en tiempo de aniversario, el aniversario de la caída del muro de Berlín. Un muro insignia por todas las implicancias que conlleva; el reparto de los vencedores de una guerra, la caída de las bases de una ideología como también la pulseada del control mundial.

Al ser humano le gusta declamar. Considera a las expresiones de deseo como hechos consumados, mintiéndose, consciente o inconscientemente, a si mismo.

Una muestra fehaciente de lo que expreso es todo lo que ha generado desde su derrumbe este muro tristemente célebre, que no es nada más ni nada menos que la muestra de la pobre conciencia humana.

Un muro separador es directamente proporcional a las limitaciones de su ideología creadora y no necesariamente es o se muestra físicamente.

Este aniversario nos muestra a los hombres declamando en su contra pero tomándolo como ejemplo, como método, para la construcción de todo tipo de muros limitantes de la libertad.

Creo que hay una perfecta definición para comprender este proceder que indefectiblemente proviene de los poderes y de la avaricia: todo ser que habita en la tierra debería ser ciudadano del mundo y esto no ocurrirá hasta que el hombre deje de rendirse a los intereses, deje de pelear el hombre contra el hombre y construya a partir de pelear el hombre contra el hambre.

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