lunes, 9 de marzo de 2015

Definitivamente…Escéptico

A un poco más de un año de sufrir por dos la decepción más profunda y menos esperada, laboralmente hablando, con el espíritu aquietado, la intimidad y el entorno cercano en orden, bien podría decir que estoy en el umbral de la posible última etapa socialmente activa de mi vida.

Dios dirá que resultará y cuanto podrá durar.

Mirando hacia atrás en lo andado y viendo que “todo fue ayer”, despojado de toda nostalgia, he logrado definir y entender de qué se trata y que identifica este presente de mi existencia.

Esa vista atrás me ha explicado que soy un escéptico profundo; también me reveló que en el camino de la vida, la libertad es de a dos, que es una condición que se debe aplicar en todas las situaciones, inclusive en las conversaciones; que las circunstancias asépticas de todo tipo esconden muchas miserias humanas; que el poder y el dinero no cambian a las personas, sino que las muestra como siempre fueron; y por sobre todo me indica que debo recordar que las cosas nunca son lo que se muestran o lo que parecen ser.

Mientras más investigo con esta impronta, más escéptico me veo y no me disgusta.

Me siento tan escéptico que creo aproximarme a un estado integral de escepticismo. Mi escepticismo es científico, religioso (no ateo), político, social, educativo, laboral, periodístico y hasta lo soy en muchas ocasiones con mi propia persona. Esto se genera desde la comprensión de que el estado puro de las cosas y la perfección son estadlos casi imposibles de alcanzar, más aun si estamos involucrados los humanos.

Confieso que no ha sido un camino sin inconvenientes, en los que se han recreado, desde los más profundos, hasta los cotidianos en las conversaciones y o las opiniones vertidas normalmente. He llegado a expresarme de tal forma, que habitualmente genero incredulidad y tengo que explicar mi postura.

En fin, soy así, no hay remedio, así me muestro, así me dirijo. Que se me aprecie así o se me desprecie. Querer o tratar de cambiar, como así también mostrarme distinto, sería no ser auténtico y si lo hago o me ven en otra postura, no me crean, estoy mintiendo, estoy falseando.

Hoy me encuentro, mejor dicho nos encontramos, como dice mi compañera de toda la vida (42 años caminando juntos, 36 de casados y cinco hijos) con un “proyecto familiar” establecido y en marcha, junto a un proyecto de producción que incluye un estilo de vida, para abordar esta nueva etapa que nos toca vivir.

Un proyecto productivo que trataré de poner en marcha luego de ajustar algunos inconvenientes físicos y orgánicos, para ayudar a la magra jubilación que se avecina, para ayudar a mantenerme activo haciendo lo que me gusta y para poder transmitir un concepto al cual adhiero y que reza así: “Si el proyecto de tú interés, cabe en el espacio de tú vida, no estás pensando lo suficientemente en grande”

Como dije antes, no me disgusta ser escéptico, es más, me siento a gusto. Ser escéptico me ha preservado para no incursionar dentro de ningún fanatismo. El fanatismo es peligroso, es el caldo de cultivo generador de los idiotas útiles serviles a los poderes o los intereses de turno. Dentro del fanatismo no cabe ninguna práctica democrática, ni existe el “próximo”.

Ser escéptico significa no ser confiable para alguien o algún ente que quiera ejercer el control desde cualquier estamento de poder. Esta sería una contraindicación al estilo de las especificaciones delos medicamentos, pero como parte de una sociedad enferma, cuyos seguidores sumisos aceptan mantenerse continuamente enfermos, voy a hacer como que no existe tal contraindicación, es decir, voy a seguir siendo no confiable o sea voy a seguir siendo ESCÉPTICO.

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