lunes, 20 de agosto de 2007

Noche clara

En una noche clara se pueden hacer tomas como esta

Cuarto creciente de julio
Como dicen los españoles: pincha en la foto para verla en tamaño original, se pueden observar los cráteres y las machas claramente.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Pequeño valle, en invierno

El sereno encanto de un día gris




Una escapada en el día de ayer con Esteban el menor de mis cinco hijos, al pequeño valle que se halla a unos 3000 metros de casa, buscando a Nerón nuestro boxer de 16 meses, que había salido a visitar a sus amigos del barrio.

Un halcón vigilaba desde lo alto

Esteban (9 años)

Nerón (alias Toto)

Sobre la estupidez del poder

Transcribo este artículo porque coincido totalmente con él y porque está escrito y traducido de una manera simple, con mucho respeto por el lector.

Creo también que explica claramente lo que uno viene observando de la grave situación de Medio Oriente.


La inutilidad de retrasar lo inevitable
Por Nicholas D. Kristof
De The New York Times
Miércoles 15 de agosto de 2007 | Publicado en la Edición impresa del diario La Nación de Argentina
NUEVA YORK.- Mientras batallamos para irnos de Irak, es útil examinar cómo manejó la Unión Soviética una posición similar en los años 80. Deberíamos hacer todo lo contrario.

En 1979, los soviéticos invadieron Afganistán por culpa de una falla de inteligencia análoga a la nuestra en Irak: creyeron que su gobierno títere en Kabul estaba a punto de cambiar lealtades hacia Estados Unidos.

Para 1986, los soviéticos querían terminar la guerra afgana e intentaron algunos de los mismos enfoques que nosotros hemos intentado o sobre los que hemos hablado: una nueva Constitución, un líder nuevo, una política de "reconciliación nacional". Todo esto les funcionó tan bien a ellos como nos ha funcionado a nosotros.

Muchos soviéticos sólo querían cortar por lo sano e irse. Sin embargo, otros funcionarios presentaron contraargumentos que pueden sonar conocidos. Si nos vamos, destruiremos nuestra influencia en todo el mundo durante una generación, el país se vendrá abajo, habrá un baño de sangre que se centrará en nuestros amigos y extremistas musulmanes llegarán al poder, así que es mejor combatirlos allá que de nuestro lado de la frontera.

Se trataba de argumentos serios, y había verdad en ellos. Una vez que los soviéticos se fueron, poniendo fin a lo que Izvestia llamó "la herida que no sanará", Afganistán desembocó en una guerra civil que fue incluso peor que la anterior.

No obstante, en retrospectiva, también está claro que soviéticos y afganos por igual habrían estado muchísimo mejor si la URSS se hubiese retirado a tiempo. Haber vacilado sólo retrasó lo inevitable, incrementó las bajas propias y les otorgó poder a los enemigos. Esa es una lección que deberíamos aprender.

El general norteamericano David Petraeus está haciendo un trabajo excelente, pero con el aumento de tropas no se busca que las calles sean seguras. Más bien, el objetivo es crear un espacio político para la reconciliación. En ese sentido, se ha fracasado.

Incluso en el interior del gobierno de Bush, todo el mundo parece reconocer que el primer ministro Nouri Kamal al-Maliki es incapaz de lograr tal reconciliación. Se habla de una sustitución, pero ya intentamos eso en Vietnam, en 1963, y también lo hicieron los soviéticos en Afganistán.

No arrastremos las cosas como lo hicieron los soviéticos en los 80. Mejor hagamos de tripas corazón, como hizo Mikhail Gorbachov en 1987, y anunciemos que nos dirigimos hacia la salida.

Existe, sin embargo, un buen argumento para mantener un batallón en Kurdistán: por un lado, a los kurdos les encantaría que nos quedáramos; por el otro, nuestra presencia reduciría el riesgo de una guerra entre kurdos y turcos. Más aún, a cambio de quedarnos, podríamos extraerles concesiones a los kurdos que ayudarían a reducir el riesgo de una guerra en Kirkuk. Algunos expertos también aconsejan la conservación de bases en el oeste o en el sur de Irak. Sin embargo, hoy nuestra presencia en esas regiones sólo sirve para darle poder a Moqtada al-Sadr y convertirlo en el político más poderoso de Irak.

Mejor hagamos todos los esfuerzos posibles por ayudar a Jordania, que se ha desestabilizado enormemente debido a la entrada de iraquíes en el país. Por razones tanto humanitarias como estratégicas, deberíamos asegurarnos de que los niños iraquíes refugiados reciban educación y de que Jordania no se venga abajo.

Se habla mucho de dividir a Irak para reducir la violencia, y eso es algo que ya está sucediendo. Una vez que nos hayamos ido, esa división de facto será un paso crucial para evitar un genocidio. Pero abrazar la división sería desastroso para nosotros: pasaríamos a ser los que desmembraron un país árabe para robarle su petróleo y debilitarlo en favor de Israel.

Otro paso esencial es trabajar de forma más cercana con los vecinos de Irak, incluidos aquellos países que no nos gustan, como Irán y Siria. Estas naciones tienen tanto interés en un Irak estable como lo tenemos nosotros. En el momento en que Irán cargue con la responsabilidad de administrar el sur de Irak, también se arriesgará a tener inestabilidad en su régimen despótico.

Necesitamos seguir empujando para avanzar en la paz palestino-israelí y en la sirio-israelí. En Medio Oriente, hay dividendos para recoger tan sólo por tratar de lograr la paz, aun si fallan nuestros esfuerzos, y eso debería ser parte de nuestra estrategia para la recuperación de Irak.

A fin de cuentas, sólo tenemos cierta cantidad de dinero y cierta cantidad de energía. Una opción es continuar invirtiendo 10.000 millones de dólares por mes e incontables muertes en Irak, con la esperanza de que en algún momento, de alguna manera, nuestra suerte cambie. O podemos dedicar esas cantidades de dinero a mejorar nuestro sistema de salud y los programas humanitarios que hay alrededor del mundo. Porque, a la larga, el mejor camino para combatir a la jihad a nivel mundial no es tirar bombas, sino construir escuelas.