Hace cuatro o cinco años, no recuerdo bien, a comienzos de octubre, días más días menos, hace su aparición acompañando al despertar primaveral del bosque "el churrinche".
La "brasita de fuego", como se le dice popularmente, es un pájaro muy vistoso (el macho) que migra para su reproducción y que ha vuelto a elegir este lugar.
Me alegra observar la vuelta de esta especie; es el resultado de un trabajo que nos propusimos realizar hace ocho años en el predio de la "Quinta". Un trabajo que busca el equilibrio entre la ocupación del lugar, sus actividades y la naturaleza, con la premisa de tener siempre en cuenta, que el viajero es "el visitante" que debe respetar la consigna de cuidar la naturaleza y evitar trasladar las desviaciones de la gran ciudad.
También hubo que actuar contra un tipo de depredación, que no es la natural, que es la organizada por la ignorancia y la falta de cultura.
Por eso con un grupo de vecinos de la comarca nos propusimos ocuparnos para minimizar todo tipo de depredación, como la caza con rifles y hondas, prohibir la captura (jaulas, pegamento, etc.) y concientizar al vecindario para contribuir a bajar los niveles de ruidos foráneos a la naturaleza, al nivel más bajo posible.
No es nada fácil, siempre hay que estar atento y continuamente se choca contra un criterio generalizado que piensa que se puede hacer cualquier cosa en cualquier lado y en cualquier momento, inclusive desde los estamentos municipales.
Volviendo a mi invitado de hoy, este año he observado por primera vez a la hembra y sus crías que conviven con nosotros a muy poca distancia, es decir que se muestran constantemente adornando el parque con su canto y su presencia.
He salido a "cazarlos", no me ha costado mucho trabajo y para asegurarlo les muestro en imágenes el resultado de esa "caza".
