Se dice que uno se encarna en sus dichos y que a fuerza de repetirse ciertas consignas, estas se traslucen en los actos que realizamos en cada día y en cada momento de nuestras vidas.
Hace algún tiempo he recuperado un ejercicio que tenía relegado, tristemente olvidado en algún rincón de mí ser; situación producto de los cascotazos que nos da la vida casi siempre generados por el 99 por ciento de negligencias propias.
He vuelto a mirar el entorno, a vivir la familia, a los amigos, a prestar atención a la naturaleza y ¡ho! Felicidad, a sorprenderme todos los días con matices distintos.
He vuelto a sacar fotos y a observar en ellas lo que en la realidad vi.

Por eso digo y repito…que nada ni nadie, me aleje de este ejercicio.